irene grau

'≠' Painting by Irene Grau for Maus Contemporary, Birgmingham (US)

≠, 2017.

I was walking when I found this painting. Walking in the mountains. Since then I was following it, or maybe it was the painting accompanying me and showing me the way, from a distance. Possibly painted by other wanderers, no matter who, and if time erases it, others will come and paint again. It is authorless, undated. Quietly demanding attention; it is small, yet strategically well placed. It multiplies, breaks, and disperses in the landscape, covering hundreds of kilometers; yet still demands our attention, just as the everchanging landscape remains the very same at every step. Housed on rocks and logs, often in pairs; couples who can not communicate, irremediably looking in opposite directions. Wanderers will never see them united, ever only seeing one of them at a time, depending on the wanderer’s walking direction, and never getting a direct view on both. Its presence is denied and only the constant movement leaves its trace. This is indeed a painting which is seen with one’s feet.

A painting, favoring a frontal view above all, is a bi-dimensional format in which depth only exists as an illusion, its shallow depth hidden by its frame, thus protecting the painting’s physical reality and its vulgar structural support, denying the spectator the discovery of the painting’s representative eagerness being an illusory trap. The history of the frame and the increasingly deliberate visibility of the painting’s edge hold all of the painting’s history. The painting’s edge, its limit, place of the error, the mistake, the accidental mark; the space of the involuntary gesture, most faithful of all witnesses, and its will to conceal or reveal, talking to us about the painter’s deepest intentions.
It is exactly here, on the painting’s very edge, in this small lateral space, where everything happens.

Variable number of paintings, adjustable to space: Oil on stretched fabric, 19 by 27 cm (7.5 by 10.6 in).
1 Photography: Ultrachorme print on barita paper, 29 x 21cm (A4-sized).
Fue caminando como encontré esta pintura. En la montaña. Desde entonces la seguí, o quizás fue ella la que me acompañó y me mostró cómo llegar a cualquier sitio, por remoto que éste fuese. Al parecer la pintaron otros caminantes, pero no importa quienes, cuando el tiempo pretenda borrarla vendrán otros y pintarán de nuevo. No tiene autor, ni fecha. Reclama discretamente la atención; pequeña pero estratégicamente visible. Se multiplica, fragmenta y dispersa en el territorio, abarcando cientos de kilómetros, y aún así exige una percepción continuada; del mismo modo que el paisaje es otro a cada paso y a la vez es el mismo. Se hospeda en todo tipo de rocas y troncos, en muchas ocasiones por parejas, pero son parejas que no se comunican entre ellas ya que no pueden verse la una a la otra, miran irremediablemente en sentidos opuestos. De este modo, en el flujo de la marcha los caminantes no las verán nunca juntas, verán una u otra en función del sentido en el que vayan, sólo una en cada caso. El punto de vista único y frontal no existe. Cualquier detención es rechazada y sólo en el desplazamiento constante permanece visible. Es ésta una pintura que se ve con los pies.

El cuadro, diseñado para priorizar la visión frontal por encima de cualquier otra, es un formato bidimensional en el que la profundidad sólo existe en tanto que espejismo. Históricamente su escasa profundidad se ha ocultado tras el marco, protegiendo así la mirada de la realidad física y vulgar del soporte y por tanto del descubrimiento de la trampa ilusoria que es la pintura en su afán representativo. La historia del marco y la progresiva visibilidad del borde encierran toda la historia de la pintura. El borde es el lugar del fallo, del accidente, de la huella fortuita, es el lugar del gesto involuntario. Por todo ello es el testigo más fiel de lo que allí ocurrió, y su sola voluntad de ocultación o exhibición ya nos habla de las intenciones más profundas del pintor.
Es precisamente ahí, en ese pequeño espacio lateral, donde todo ocurre.

Número variable de cuadros, ajustable al espacio: Óleo sobre tela, 19 x 27 cm.
1 fotografía: Copia Ultrachorme sobre papel baritado, 29 x 21cm.